Hay amores que con el tiempo se convierten en familia.

Cuarenta y cinco años atrás, dos personas comenzaron una historia sin imaginar quiénes estarían algún día a su alrededor. El tiempo hizo lo suyo. Llegaron los hijos, llegaron nuevos caminos, nuevas personas, y la familia encontró otras formas de crecer sin dejar de ser la misma.

Quizá esa sea la verdadera medida del amor: no los años que consigue durar, sino las vidas que alcanza a tocar.

Aquella tarde en El Mogote no hacía falta decir demasiado. Bastaba con ver cómo se buscaban, cómo reían, cómo permanecían cerca unos de otros. Había algo profundamente sencillo en todo eso. Y, precisamente por eso, inolvidable.

Fue un privilegio conocerlos y compartir una tarde con una familia tan especial. De corazón deseo que Jehová siga bendiciéndolos, y que el amor que han cultivado durante estos cuarenta y cinco años continúe siendo un refugio para todos los que forman parte de esta hermosa familia.


”…pero él bendice el hogar de los justos.” — Proverbios 3:33


Fernando Salas

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